El Centro de Interpretación del Camino de Hierro

Erase una vez un empresario portugués que comerciaba con España llevando mercancías desde la vieja Castilla hasta la ciudad de Oporto. Compraba y almacenaba sus productos en el viejo muelle de Vega de Terrón, en la misma frontera, en la misma raya, desde donde, navegando por el Duero, los cargaba en sus barcazas hasta su destino.

Pronto su negocio empezó a florecer, hasta el punto que le permitió hacerse banquero y presidir la Sociedad de Comercio de Oporto. El negocio iba viento en popa, y nuestro empresario consideró que había llegado el momento de hacer algunos cambios. Las barcazas ya no eran suficiente, las mercancías no debían ser lo único transportable por aquella ruta que podría unir su Oporto con el luminoso Paris del siglo XIX. Y enseguida pensó en el emergente medio de transporte que estaba empezando a revolucionar la sociedad: el tren. Construiría una línea férrea que uniera Oporto con Salamanca, con Paris, y con el mundo.

Y ahí estuvo el germen de nuestra vía férrea, de la ruta de los túneles y los puentes, de la línea XI de Renfe, del ramal de La Fuente de San Esteban a Barca d'Alva, del tren del Duero. Un magno y complicadísimo proyecto, desde el punto de vista técnico, que debía atravesar montañas y saltear enormes pendientes, y hasta convencer al Ministerio de la Guerra para que las relaciones militares entre los dos países no fueran, como en muchas ocasiones anteriores, un obstáculo insuperable o motivo de dilaciones sin fin.

Las obras de construcción comenzaron el 31 de agosto de 1883 a cargo de la Sociedad Financiera de París. En la boca del túnel de Pingallo se explosionaron 1480 barrenos "que habían sido colocados con grandísimo acierto, y era muy de notar el estrago que hacían, la altura a que despedían muy grandes piedras y el ruido singular y formidable que produjeron las detonaciones, la caída de las piedras por entre aquellas montañas y los vítores y hurras de la muchedumbre, entusiasmada ante el poder inmenso que la ciencia da al hombre".

Miles de trabajadores procedentes de Galicia, Extremadura y Portugal en su mayoría llegaron a La Fregeneda, incapaz de albergar a todos ellos. Muchos tuvieron que dormir en corrales, a la intemperie, tras realizar duros trabajos y soportar las altas temperaturas de la zona. Los accidentes laborales, en especial el provocado por la tormenta que el 15 de junio de 1885 inundó el túnel donde trabajaban decenas de carrilanos, enfermedades como la viruela, el paludismo o el tifus, y reyertas y altercados provocaron la muerte de muchos de ellos.

Finalmente, el 8 de diciembre de 1887, se inaugura oficialmente la línea con el choque simbólico de dos locomotoras, una portuguesa y otra española, en el puente internacional. Nuestro banquero e industrial, "cuya galantería y entusiasmo por la inauguración de la obra tuvo espléndida manifestación", ofreció en el salón de su palacete banquetes durante tres días. "Doscientas personas rodeaban al Sr. Pinto y su distinguida familia. El salón y la mesa y el conjunto, en fin, más animado cada día. El entusiasmo no tenía válvulas determinadas, ni los brindis habían de sujetarse a estrechos moldes. Así es que la fiesta resultó de espontánea alegría, sobresaliendo en todos los discursos palabras de cariñoso entusiasmo para el Sr. Pinto da Costa, que recibió tan completa como merecida ovación". 

Ricardo Pinto da Costa no fue el único responsable de esta ruta, pero sí de los más implicados, junto al empresario Burnay, en su construcción. Por ello se le concedería en 1888 el título de Conde de Lumbrales.

Ricardo Pinto da Costa estuvo casado con la lumbralense Francisca Bartol, hija de Juan Antonio Bartol, que fuera alcalde de Lumbrales, y Cayetana Pérez, los propietarios del solar que hoy se conoce como "casa de los abuelos". Allí construyó su vivienda y, al lado, levantó el palacete donde esperaba recibir a la reina con motivo de la inauguración del ferrocarril Boadilla-Barca d'Alva. Al final María Cristina de Habsburgo, entonces regente por la minoridad de Alfonso XIII, no acudió a la cita, pero sí lo hizo, aunque meses después, la infanta Isabel, conocida como la chata, a quien el Conde "obsequió con un espléndido lunch, servido por Lhardy", junto al resto de los expedicionarios en la estación del ferrocarril de Lumbrales.

Hoy su palacete, una construcción modernista de influencia portuguesa, es visita obligada para todos quienes deseen profundizar en la historia y la cultura de la villa y del recientemente inaugurado Camino de Hierro. Alberga el Centro de Recepción de Visitantes del Territorio Vetón, con su Museo Arqueológico de la primera planta, y el Centro de Interpretación de la Vía Férrea de La Fregeneda en la planta baja. Esta sala acoge, mediante una serie de fotografías y artilugios ferroviarios, las obras de la línea ferroviaria que unió Oporto con Salamanca y con Europa. Unos audiovisuales completan la muestra recreando el ambiente en el que vivió Ricardo Pinto da Costa, su historia y su relación con la propia Casa, el surgimiento de la línea de ferrocarril y El Castro de Las Merchanas.

En la planta superior puede visitarse la sala del Museo Arqueológico, con hallazgos encontrados en la comarca, y un telar textil del siglo XIX como exponente del antiguo esplendor de la industria de la lana en la localidad.

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Ricardo Pinto da Costa
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Portada de entrada al patio de la Casa
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Patio interior de la Casa de los Condes
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Fachada oeste del Pabellón de la Infanta
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centro interpretación vía la Fregeneda.j